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Los Estudios Visuales en el contexto de la Universidad.
Salomé Cuesta

La relación estudios visuales y universidad (dentro del área Estudios visuales en el contexto de la Universidad) sugiere, debería sugerir, la visualización y análisis de algunas situaciones de naturaleza institucional en tres zonas de operatividad, posiblemente contradictorias entre ellas pero perfectamente estructuradas, como lo son: 1. el reconocimiento y recepción de los estudios visuales en la universidad española, 2. la imagen de la universidad Europea (política y poderes universitarios, proyecto humanista y dependencia económica), y 3. el sentido y/o posibilidad de vertebrar un proyecto contextualizado de estudios visuales en nuestras universidades.

Si centramos la atención en estas áreas podemos advertir y así señalar constantes desplazamientos o crisis con las que convivimos: disciplinas académicas - tecnologías comunicativas - educación artística - transformaciones de la imagen - critica cultural - proyectos de investigación - universidad de la cultura - sociedad postmoderna - tecnoburocracia. En este complejo espacio, de complicada delimitación, convergen lo institucional universitario, que crece hacia el interior de la estructura como protuberancia proyectada desde, con y hacia, la naturaleza de la universidad (marco legal, política universitaria, procedimientos de admisión, evaluaciones, rendimiento) y la experiencia de su visibilidad, lo visual universitario, luce hacia el exterior el traje evidente del predominio de lo espectacular mediático en las sociedades contemporáneas y su socialización soporta la afectación de todos y cada uno de sus ámbitos, comprendidos desde la cotidianidad de sus usos hasta la estandarización de lo académico.

La impresión que recibimos hoy de la institución educativa es la idea de una universidad difusa cuya imagen parece ser algo inexistente, todavía por alumbrar, entre la mayoría de los miembros de la comunidad universitaria (desde los órganos unipersonales hasta la masa estudiantil la (pre)ocupación primordial reside en los niveles de estar, de bienestar, de la gestión solicitada). La incidencia de las tecnologías de la imagen y de la comunicación en nuestro ámbito universitario ha supuesto un valor añadido que se reconoce en tanto que modernidad, y vinculado a esta repercusión, la acogida de los estudios visuales despiertan, advierten, un campo de estudio por definir, todavía en proceso, que en principio resulta atractivo por su interdisciplinariedad o transversalidad; sin embargo ese mismo atractivo ha favorecido un infortunado y acelerado proceso de vulgarización (la generalización de la idea de los Estudios Visuales como distintivo de actualidad, como señal de aventajada vanguardia y modernidad) que ha dado lugar en ocasiones, en más de un diseño de curso de postgrado o master, a un simple intento de tutorización y aprendizaje de la versión de un software concreto, por lo general técnicamente superado.

Diagnosticar la confrontación de estas dos esferas, que en principio señalaba como separadas, es algo que de momento puede resultarnos útil para no perdernos en la amplitud de enfoques, interpretaciones y propuestas de los estudios visuales y el reduccionismo del ámbito institucional al que estamos asistiendo. Ámbito, el de la universidad de hoy, en el que encontramos apelativos como calidad, mayores niveles de excelencia, cultura de la evaluación, competencia, eficacia y  eficiencia[1] que recorren el marco legal que la constituye como institución. En la imagen de universidad contemporánea se percibe una acelerada sobreadaptación de los sistemas de enseñanzas a las demandas definidas por la lógica empresarial y comercial, pero también, en esa acelerada sobreadaptación, se deja entrever una mas que peligrosa desatención a las transformaciones socio-culturales que como consecuencia, y paralelamente, ha producido y producirá el desarrollo tecnológico o, como se dice programáticamente, el diseño y construcción de la sociedad del conocimiento y la información.

A primera vista percibimos, a nivel de la cotidianidad de la práctica docente, que en la búsqueda de la excelencia parece tener, o quizás importa mas, el marco de calidad, acreditación y excelencia, que la enseñanza impartida, que el proyecto humanista y los productores del proceso educativo, propiamente dicho. En todo caso, constatar esta situación (bien analizada por Bill  Readings en su libro La universidad en ruinas) no implica permanecer en ella: el hecho de percibir la universidad como un organismo burocrático preocupado casi exclusivamente por los indicadores de gestión y la acreditación de la calidad, no invalida la búsqueda de alternativas y la propuesta del dialogo como alternativa: las transformaciones deberán engendrase desde dentro, deben ser impulsadas por los propios productores del proceso educativo.

La cultura visual se ha convertido, según Mirzoeff, en el emplazamiento de un cambio cultural e histórico y los estudios visuales aparecen como «disciplina táctica» en apariencia alejada del territorio académico y señalando una zona diferenciada donde operar: el interés por interactuar en la vida cotidiana de los individuos. El desplazamiento entre lo hegemónico y lo popular, lo ideológico y lo estético, es una preocupación compartida con los estudios culturales, también sus propuestas de metodologías y modos de hacer, sin embargo existen discrepancias sobre la conveniencia de ocupar un lugar en el entramado académico disciplinario.

En la actualidad la institución universitaria española se encuentra en un proceso de convergencia europea, por tanto, de afinidad y consolidación de una idea de universidad europea que propicia, como necesario, y condición primera, un replanteo de la idea de universidad. En el año 2010, asistiremos a la integración del sistema universitario español en el espacio europeo de enseñanza superior (documento marco, febrero 2002): la adaptación de las enseñanzas y titulaciones universitarias quedaran diseñadas según unos perfiles profesionales que integrarán competencias genéricas, transversales y especificas (conocimientos, capacidades y habilidades) en el ámbito científico, técnico y artístico, que no solo armonizarán con las titulaciones consolidadas de otros países, sino que contarán con la colaboración de responsables académicos, asociaciones y colegios profesionales.

La estructuración y organización de las enseñanzas universitarias respecto al área de trabajo de los estudios visuales señalan, en primer lugar, la revisión de las disciplinas que configuran la educación artística; consideramos que tenemos muchas tareas pendientes, y se hace necesario plantear algunas cuestiones. Entre ellas: los estudios visuales, ¿serán un tema más en los programas de algunas asignaturas?, ¿pueden sustituir a otras disciplinas o quizás integrarse en las estructuras ya existentes? Pensamos que serían necesarias nuevas formas de trabajo académico desde el espacio de unas nuevas humanidades, humanidades transformadas que deben «hallar su lugar de discusión incondicional y sin presupuesto alguno, su espacio legitimo de trabajo y de reelaboración, en la universidad y, dentro de ella, con especial relevancia, en las Humanidades.  No para encerrarse dentro de ellas sino, por el contrario, para incluir el mejor acceso a un nuevo espacio público transformado por unas nuevas técnicas de comunicación, de información, de archivación y de producción del saber.» [2]


[1] Ley Orgánica 6/2001, de 21 de diciembre, de Universidades.

[2] DERRIDA, J.,  La universidad sin condición. Ed. Trotta, Madrid, 2002 p. 12



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