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Cultura Visual y políticas de identidad y representación.
Ana Martínez-Collado

“Aquí se trata de cómo el campo subjetivo de la visión es en sí mismo producido a través de la diferencia sexual, racial y de género, y cómo el mirar y el ver, en tanto que prácticas culturales, están siempre construidas en el campo de la sexualidad, el género y la raza”.

Stuart Hall, Visual Culture: the reader[1] .

En este área nuestro objetivo último es profundizar y desarrollar las cuestiones referentes a los procesos de constitución de identidad y subjetividad -y por lo tanto en la redefinición permanente del género, la identidad, la sexualidad, y la raza- desde el análisis de la cultura visual en que estamos inmersos.

La reflexión sobre la identidad contemporánea ha sido una tarea abordada en el contexto de definición y cuestionamiento de la modernidad desde las más variadas disciplinas académicas -filosofía, semiótica, psicoanálisis, historia del arte, feminismo, estudios culturales, estudios de gays y lesbianas, estudios afroamericanos, estudios sobre cine-, y en todas ellas al abordar estas cuestiones se ha tenido en cuenta una imprescindible vocación interdisciplinaria..

Desde todos estos ámbitos, la cuestión de la visión, el qué se “ve” y el cómo se “mira”, y  su incidencia en los procesos de construcción de la identidad, se constituye en punto de partida. Parece obligada la referencia a Freud y la importancia atribuida a la mirada en el desarrollo del modelo edípico y por lo tanto para la formación del sujeto que ingresa en el orden de la cultura, adscrito a un sexo. También podemos referirnos a Lacan y recordar la importancia asignada en la fase del espejo a la “contemplación de la imagen” como momento decisivo en la construcción del sujeto; la visualización de la diferencia a través del género –ya no en el sexo-; y las consecuencias de la adscripción de los sujetos en los sistemas sociales de poder. En cuanto a la relación entre poder y visualidad, deberíamos resaltar también, desde luego, la importancia de los análisis de Foucault sobre la función del ver –por ejemplo en los procesos de la vigilancia- en la construcción social del poder, análisis tanto más relevantes en las que Deleuze describiría como “sociedades de control”.

La cultura visual ejerce así un papel crucial, como lugar preciso en el que se visibilizan a través de su representación los estereotipos de la identidad contemporánea. La cuestiones de la identidad y representación sufren en este punto -como en general todas las cuestiones que afectan a la cultura visual- una dicotomía, la dificultad de establecer un diferencial nítido entre las prácticas visuales de nuestra sociedad massmediática e informatizada y las prácticas artísticas reconocidas como tales. El modelo de la crítica a la representación desarrollado durante los años 80 por las prácticas artísticas ha sido un momento relevante como punto de partida hacia nuestro presente, en todo lo que concierne a las paradojas de la visualización de la identidad contemporánea.

En este área creo que se deben destacar además dos ámbitos especialmente fructíferos y definibles, por su compromiso subversivo, como “políticas de la mirada”: la crítica feminista y la teoría poscolonial derivada de los estudios culturales y de la problemática relación con “el otro” que de hecho caracteriza a nuestra sociedad globalizada y multicultural.

Desde la crítica feminista podemos remitir a textos ya clásicos, como “Placer visual y cine narrativo” de Laura Mulvey ( (1981), “Representación y sexualidad”  de Kate Linker, (1983), Vision and Difference de Griselda Pollock 1988, o Sexuality in the Field of Vision de Jacqueline Rose (1986), textos todos ellos que pueden funcionar como punto de partida de muchos de los debates.

Desde la reflexión sobre lo multicultural y el discurso del “otro”, a partir de que en los años noventa se generaliza el proceso de globalización impulsado por la mundialización de la economía y la geopolítica, se plantea la exigencia de desarrollar políticas de reconocimiento de la alteridad en relación a las diferencias culturales y su representación. Al respecto, autores como Lucy Lippard, Thomas McEvilley, Hal Foster, Stuart Hall, Homi Bhabha, Gayatri Spivak o Okwui Enwezor han analizado desde distintas perspectivas estas problemáticas.

Finalmente, no podemos olvidar las consecuencias del desarrollo tecnológico contemporáneo y su impacto en la cultura visual y las políticas de identidad y representación que ella vehicula. La visión tecnológica de la identidad –favorecida por las diversas mediaciones técnicas, de la televisión a internet- plantea interesantes cuestiones referidas a los procesos de producción “asistida” de la identidad. Conceptos como tecnologías de la subjetividad, cyborg,  cybercultura, o cyberfeminismo, resultan entonces también cruciales y deberán igualmente ser planteadas en el contexto del congreso.


[1] Jessica Evans & Stuart Hall (eds.), Visual Culture: the reader, SAGE, London, 1999.



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