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Epistemología de los estudios visuales
Miguel A. Hernández-Navarro
La presente área tiene por objeto el examen del estatuto epistemológico
de los Estudios visuales. Se tratará aquí, por tanto, de constituir un
discurso sobre los Estudios visuales en tanto que "campo de estudio" o
disciplina --entendiendo disciplina de un modo muy laxo-- para, así, poder
establecer un razonamiento crítico --e intuitivo-- acerca de los principios
y fundamentos por los que son regidos. La adopción una doble perspectiva
que combine aspectos tanto gnoseológicos como genealógicos, parece erigirse
como la mejor opción para explorar el mencionado terreno epistemológico.
Desde un punto de vista gnoseológico, se intentará responder
a interrogantes tales como ¿qué y cómo conocen los estudios visuales?
¿Cuáles son sus herramientas y métodos de conocimiento? ¿Cuál es la entidad
de lo conocido por los estudios visuales? ¿Hasta qué punto se puede hablar
de conocimiento científico? Desde la visión genealógica --genealogía crítica--,
por su parte, se prestará mayor atención al "cuándo", "cómo" y "por qué"
de los estudios visuales, así como a su entidad dentro del panorama disciplinario
actual (¿es una disciplina? ¿De qué tipo? ¿Qué relación se establece entre
las demás disciplinas?). Estos --y varios más que, por olvido o premura,
no se reseñan-- serán, a grandes rasgos, los caminos por los que discurra
este área de epistemología de los Estudios visuales, de modo que el objeto
de las comunicaciones a presentar podrá basarse en el abordaje de
los interrogantes presentados, no con el único fin de cerrarlos, sino
también de completarlos, complementarlos y, sobre todo, complejizarlos,
así como de abrir otros que aquí ni siquiera se han intuido.
En este breve texto intentamos esbozar un precario estado
del área, apuntando --a la manera de un borrador-- tan sólo por dónde
pueden discurrir algunas de esas cuestiones fundamentales planteadas más
arriba. La primera de todas, y más urgente, sin duda, es la pertinencia
o conveniencia de una reflexión epistemológica acerca de los Estudios
visuales. Aunque pueda parecer lo contrario, no intentamos aquí crear
nuevas barreras a un objeto que pretende trascender los límites académicos
tradicionales. Como reseña Mirzoeff, "de poco serviría romper las viejas
barreras disciplinarias si el objetivo fuera colocar en su lugar unas
nuevas". Cuando hablamos de epistemología, fundamentos, principios...
tan sólo echamos mano de un lenguaje manido, con numerosas implicaciones
difícilmente evitables. Sin embargo, en ningún momento se ha de entender
que se apuesta por cercenar lo que, sin duda, es una de las grandes bazas
de los Estudios visuales, a saber, su resistencia a la delimitación. De
hecho, una de las tesis que aquí se defenderá es que los Estudios Visuales,
más que una interdisciplina, como se ha venido manteniendo, son una indisciplina
o -- utilizando una licencia spanglish-- una Endisciplina, un "más
allá" de la prisión académica. La reflexión sobre sus principios y fundamentos
--aunque se trate de "finales" y "desfundamentos"-- se presenta, a pesar
de esto, como una tarea, a todas luces, indispensable para una correcta
constitución crítica de un ámbito productor de conocimiento.
La terminología con la que se trabaja es en alto grado ambigua y confusa,
sobre todo en lo referente al uso de los constructos terminológicos Estudios
visuales (Visual Studies) y Cultura visual (Visual Culture).
Para zanjar la cuestión con rapidez, podemos afirmar que Estudios visuales
es el campo de estudio --disciplina--, y cultura visual su
objeto de estudio. No por más clara, realizar esta distinción resulta
menos pertinente, ya que, en numerosas ocasiones, como sucede, por ejemplo,
con Mirzoeff --o incluso con Bryson o Moxey--, se habla de la cultura
visual como si se tratase de una disciplina. En esta área no trataremos
de la cultura visual, sino de los estudios visuales, por lo que el que
ahora se adelanta ha de comprenderse como un meta-discurso, un examen
de los Estudios visuales en tanto que disciplina de conocimiento
de la cultura visual.
Sí es necesario, en cualquier caso, una vez aceptado que la cultura
visual es el objeto de estudio de los Estudios visuales, delimitar --también
de modo breve-- qué sea la cultura visual o, al menos, qué entienden los
Estudios visuales como cultura visual. Para éstos la cultura visual se
configura como un terreno amplio, un objeto-múltiple, difícilmente delimitable:
la manifestación visible de la cultura, casi --pervirtiendo a Merleau-Ponty--
la carne de la cultura. Partiendo de esta premisa, los Estudios
visuales abordan no sólo, como se ha venido diciendo, la construcción
social de lo visual, la manera en que todo lo visible está, de algún modo,
construido y estructurado socioculturalmente, sino, sobre todo, --y esta
es una expresión de W. T. Mitchell-- la construcción visual de lo social,
es decir, el modo en el que toda cultura se hace visible. Aunque tal diferencia
pueda parecer, en principio, demasiado sutil, probablemente ese cambio
de énfasis operado mediante una simple permutación proposicional --de
construcción social de lo visual a construcción visual de lo
social-- sea lo que realmente determine el objeto de los Estudios
visuales: el acento en la dimensión visual de la cultura en tanto que
mise en vue de las estructuras socioculturales, de ahí la relevancia
política que tantas le ha sido atribuida a los Estudios visuales. Una
relevancia que los aleja de las disciplinas tradicionales, lo que da lugar
a que algunos, como Mirzoeff, prefieran hablar de la cultura visual --los
Estudios visuales-- como disciplina táctica o estratégica, en lugar de
académica.
En este sentido, resulta conveniente preguntarse cómo conocen los Estudios
Visuales. Y es que, para que pueda hablarse de una construcción visual
de lo social, es necesario, paradójicamente, un distanciamiento
de lo visual. Tal extrañamiento o puesta en cuestión de la visión
--una denigración, como ha señalado Martin Jay-- sería una posible respuesta
a cómo un pensamiento virtualmente escoptofóbico ha tomado por objeto
de estudio lo visual: ha sido necesario poner en cuestión la visión, desconfiar
de su hegemonía para poder observarla como un objeto a estudiar. En términos
de epistemología bachelardiana estaríamos hablando de una virtual coupure
o ruptura: tomar distancia respecto a la realidad para poder observarla
en su extrañeza. Algo semejante a lo que Mitchell plantea en el proceso
de mostrar el ver, del Showing seeing: un extrañamiento de la realidad,
una especie de siniestralización del ver, de desfamiliarización
con las estructuras que se podría creer naturales en la visión y lo visto.
Quizá sea esta la primera y fundamental cuestión a tratar en el área de
epistemología: los Estudios visuales conocen mediante una sospecha de
lo visual; no por medio de una glorificación, como se ha querido entender
en tantas ocasiones.
En lo referente al dominio "disciplinal" de los Estudios visuales podría
avanzarse --también con Mitchell-- que abarca "no sólo la historia del
arte y la estética, sino también la imagen científica y técnica, el film,
la televisión y los media digitales, del mismo modo que los debates filosóficos
en torno a la visión, los estudios semióticos de imágenes y signos visuales,
las investigaciones psicoanalíticas sobre los impulsos escópicos, los
estudios fenomenológicos, fisiológicos y cognitivos de los procesos visuales,
los estudios sociológicos sobre el espectador y la exposición, la antropología
visual, la óptica y la visión animal, y mucho más en esta línea".
La vertiente genealógica de los Estudios visuales parece estar relacionada
por el nacimiento de una epistemología débil. La gran mayoría de las disciplinas
y campos de estudio reseñados por Mitchell, en un momento determinado,
tras la crisis de la "epistemología fuerte" que, aunque soterrada, actuaba
ya desde los años setenta, comienzan a "romper" las autoimpuestas barreras
disciplinarias y a producir un "conocimiento" que va más allá de unos
límites y fundamentos que ya se mostraban obsoletos, débiles y, sobre
todo, artificiales. Los Estudios visuales partirán de ese desmoronamiento
de la especificidad epistemológica que aún seguía vigente desde Hegel,
pudiendo ser definidos, en consecuencia, como disciplina de quiebra. En
este sentido, los Estudios visuales se configuran como una arena de colisión
o, mejor, como un campo magnético, con centros de fuerza y puntos que
se atraen y se repelen. Casi podría decirse que estamos ante una disciplina-rizoma.
Una disciplina que intenta abordar un objeto-rizoma: la visualidad; un
objeto-múltiple, difícilmente abarcable desde un sólo lugar, que necesita
de un campo de estudio múltiple capaz de atender a la múltiple visualización
de la cultura.
Debemos ser conscientes de ese carácter rizomático --débil, contradictorio,
ambiguo, inabarcable... difuso-- de los Estudios visuales, y entenderlo
como una de sus más grandes bazas. Ya, en 1928, comentaba Bachelard, en
su Essai sur la connaissance approchée, que la toma de conciencia
de lo no riguroso es el fundamento primero de todo conocimiento "científico".
Aquí, evidentemente, no tratamos de una ciencia, ni tampoco de una disciplina
en el sentido tradicional del término. Sin embargo, y aunque resulte contradictorio,
es imprescindible avanzar por esta vía de critización y autoconocimiento
de los Estudios visuales para poder, después, preguntarnos cuál es su
sentido, si es que tienen alguno.
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