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Estudios Visuales Y Sociedad Del Conocimiento
Juan Luis Moraza
Este área no tratará de modo particular sobre las derivaciones y repercusiones
epistemológicas relativas al campo de la cultura visual y los estudios
visuales, sino más bien de los vínculos que los estudios visuales mantienen
y pueden mantener con las sociedades del conocimiento. Determinar de qué
modo los estudios visuales pueden suponer la aportación de una perspectiva
particular, original y valiosa diferenciada de las importantes aportaciones
surgidas desde el campo de los estudios culturales.
Ello implica en primer lugar cuestionar el significado mismo de la noción
de sociedades del conocimiento. Lo que apunta a cuestiones de índole epistemológico
pero también político, social y cultural.
En un segundo nivel, implica cuestionar las relaciones epistemológicas
y disciplinares entre los estudios culturales y sus patrones, modelos
y métodos discursivos y argumentales- y las experiencias cognitivas aportadas
por la producción visual.
En un tercer nivel, implica cuestionar los modos posibles de acción e
interacción dentro del campo de los estudios visuales en relación a las
derivas de las sociedades presentes.
La implantación extensiva e intensiva de las sociedades desarrolladas,
y las relaciones que éstas imponen, generan un contexto original no sólo
por las determinaciones derivadas de las nuevas tecnologías y su ubicuidad,
su temporalidad, su capacidad de computación-, sino también y sobre todo,
por los vínculos de socialización y las nuevas formas de subjetividad
que las caracterizan. En este sentido, esos modos de producción y distribución
apuntan a lo que se ha venido a llamar unas "sociedades del conocimiento".
Aquello que vertebra las interacciones más constituyentes existe cada
vez más en el campo de la información y de la transmisión, de la proyección
y de la inducción. Este área trataría sobre las complejidades estructurales
y superestructurales derivadas de este desarrollo que apenas comienzan
a desvelarse, y que suponen el compromiso real de producción, convivencia
y negociación
Las formas clásico-modernas de producción e interpretación, las
teorías de la representación y de la representatividad, y los métodos
y modelos de los estudios culturales no son suficientes para resumir esos
modos de complejidad propia de las sociedades actuales. En ellas, las
creencias, ideologías, sistemas de categorías, modelos conceptuales ...se
encuentran inmersos en una experiencia sensorial y emocional que les subyace
y trasciende. Esta área procuraría atender a esos patrones estesiográficos
que apuntan a lo que se denomina una "cultura visual".
La cultura visual no es tanto extensión de un arte contemporáneo cuyas
fronteras han quedado desdibujadas en una estetificación difusa, sino
también y sobre todo, la advertencia del sustrato estético que caracteriza
todas las formas de interacción en las sociedades humanas. La cultura
visual aglutina como categoría todas las formas de modelización de la
realidad por procedimientos no exclusivamente lógico-discursivos: la imaginería
publicitaria, y todas las formas de propaganda empresarial y política,
las producciones dentro del campo de las artes, el diseño del entorno,
pero también los patrones visuales en la investigación científica, y en
toda forma de conocimiento.
Ese campo estesiográfico resumido en "lo visual" es seguramente
el espacio y el tiempo de la institución misma del conocimiento, y por
tanto de la sociedad. Las producciones visuales no sólo "ilustran"
o representan a las sociedades en las que surgen, sino que son una parte
determinante en el desarrollo, la transformación y la implantación de
los diferentes modos de ser sociedad. Resultan ser un instrumento básico
de socialización, al existir como intermediaciones interpersonales y por
tanto como espacios de interiorización de los valores, contenidos, principios
necesarios para la instalación del sujeto en la sociedad, y de la sociedad
en el sujeto. Supone en primera instancia una institución perceptiva,
pues genera modos de ver, hábitos preceptúales, ofreciendo así la expectativa
de una adecuación entre la realidad y las representaciones, "efectos
de verdad". Supone, en segundo lugar, una institución afectiva, pues
genera modos de sentir, correspondencias y vínculos emocionales, cartografías
del deseo, ofreciendo la expectativa de un vínculo entre los contenidos
de la experiencia individual y los vínculos a los objetos a los que remite,
los "efectos" de bondad (ética) y de belleza (estética).
Supone, en fin, una institución conceptiva, pues subdetermina modos de
pensar, (sintaxis lógicas, sistemas de pensamiento, modelos visuales y
patrones morfológicos), ofreciendo la expectativa de una consistencia
interna entre las cláusulas o representaciones, al crear hábitos y asociaciones
mentales unívocas (transporte=coche; educación=título universitario;
salud=médico; paz=ejército)...
En función de esta triple capacidad de institución, el campo visual es
el lugar privilegiado de legitimidad social.
En este vasto campo estesiográfico se escenifican, proyectan y producen
las dinámicas identitarias (individuo, género, raza, clase, cultura),
los sistemas de representatividad y de participación, las formas de interacción,
los marcos categoriales que dirigen la investigación y el desarrollo del
conocimiento. Por ello resulta cada vez más imprescindible abordar de
forma explícita las capacidades de la producción visual no sólo como instrumento
de las viejas y nuevas formas de poder, sino también como ensayos contradiscursivos
de nuevas formas de subjetualidad y de sociabilidad. Pues dado que
la cultura es un procedimiento de transmisión, toda sociedad es sociedad
de conocimiento; y dado que a todo conocimiento subyace un saber estesiográfico,
la cultura visual es el momento álgido del espacio cognitivo interpersonal,
y el lugar central de la institución de lo social.
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