I Congreso Internacional
 
Presentación
Programa
Areas de Comunicaciones
Informes introductorios
 
Asistencia
Comunicaciones
Centros y Departamentos
 
Comité y organización
Contacto

Materiales de trabajo
Presentación publicaciones

 

La enseñanza del arte en el marco interdisciplinar de los Estudios visuales
Juan Martín Prada

La dimensión ontológica de la imagen parece suplantar hoy las realidades e intenciones a las que la imagen servía como referente o medio. Quizá podríamos incluso referirnos a este proceso como el de una progresiva independencia del mundo de las representaciones, hacia la que emigra el sentido y el conocer. De alguna forma lo visual se ha convertido en pensamiento y no es ya meramente su resultado, medio o lenguaje. Su actuación, no obstante, no puede darse más que como arrastre, máximo resultado de esa irreflexión propia de la plenitud de lo ilusorio y de lo convulso de la fascinación que produce.

Todo ello activa, indudablemente, el papel social de la creación artística, la convierte en clave de la actividad crítica. La producción de imágenes que le es propia sería probablemente la única con capacidad para debilitar la fijación de la irreflexión en un mundo que las imágenes constituyen. Un tipo de producción reflexiva, en el que el potencial de lo visual se reclama opuesto al establecimiento de una relación de mera instantaneidad, es decir, coincidencia plena con el mundo, como efecto de la ausencia del pensamiento en ese “exceso” de sentido que lo construye. De ahí que el establecimiento de una transformación de los principios sobre los que se regula la enseñanza de las prácticas artísticas de producción visual deba considerarse como acción prioritaria, y no tanto, desde luego, desde la perspectiva tradicionalmente adscrita a los valores de la producción poética del arte, como al potencial político y social que hoy se le reclama como propio.

De esta forma,si el conjunto de operaciones de lo visual en la conformación del universo de la estetización parece haberse constituido, en su fabulosa sofisticación, como el poder mismo, como sistema que se autoproduce produciendo a su vez la entidad de lo social desde él, es precisamente tarea de la creación artística la producción de campos de detención, aunque sea momentánea, de esta cierta inconsciencia de los complejos ensamblajes que aquél mueve y produce, de esta plenitud simulada de sentido que, al igual que la lógica del deseo de la que proviene, configura su propia lógica como la lógica del mundo.

De todo ello, que la investigación en técnicas y destrezas procedimentales, o en los elementos fenomenológicos y procesuales de la experiencia de producción visual, esfuerzo máximo y orientación prioritaria en muchas de las directrices metodológicas en la enseñanza del arte en la actual Universidad pierda hoy la relevancia con la que contó años atrás, siendo reclamado el tiempo de sus esfuerzos menos imprescindibles por las pretensiones investigadoras de la impureza contextual de la actuación artística y de sus impregnaciones semióticas, políticas y sociales.

Pensar en la nueva enseñanza del arte, en el marco interdisciplinar de los Estudios Visuales, supondría, sobre todo, la previa relocalización de la práctica artística en la disolución de la diferencia entre los procedimientos, estrategias y fines de la política y la cultura. La reforma y modernización de las enseñanzas de producción visual, objetivo escasamente considerado pero sin duda esencial en la constitución del nuevo marco de educación superior en Europa, debe pretender así la promoción de un movimiento centrípeto frente a la presión centrífuga que ha conseguido proyectar lo artístico hacia la exterioridad de la esfera social, allí donde sus posibilidades de actuación comprometedora quedan neutralizadas.

Las nuevas propuestas curriculares no pueden, por tanto, sino plantearse centradas en las posiciones más comprometidas con el análisis de la interrelación entre poder, sistema lingüístico y prácticas culturales, es decir, en las formas en las que se produce la sistematización controladora del lenguaje y el conocimiento. Sólo esta vinculación puede permitir el progresivo final de la consideración del arte como mero entretenimiento, sistema adicional o secundario, incluso marginal, de administración de los estímulos de la lógica del espectáculo o insatisfactoria mediación simbólica de las proyecciones mitoutópicas de la sociedad.

La acción de “desmantelar los códigos de comunicación existentes mediante la recombinación de algunos de sus elementos en estructuras que puedan ser usadas para generar nuevas imágenes del mundo”, propuesta por Victor Burgin como la actividad exclusiva de la actividad artística hoy, sería, probablemente, la que exige un desarrollo más urgente. No confundamos, sin embargo, la actividad que aquí se reclama con una práctica de desenmascaramiento de la falsedad presente en los entramados sociales, actividad que indudablemente debería ser propia de la actividad política en sí misma, sino de actuación sobre los sistemas que la configuran. Si acaso se ha de producir algún desenmascaramiento no es la de una determinada verdad tras la falsa ocultación, sino la de las formas en las que ésta es administrada y producida.

Tanto la producción de la crítica de los sistemas de la imagen en la correspondencia entre poder y sentido, como la propia crítica de la obra de arte sobre sí misma como elemento constituyente de una determinada tradición y, por tanto, sometida a una determinado conjunto de expectativas, deben ser considerados como elementos clave de esta reorientación pedagógica.

Indudablemente, de muy especial importancia debemos considerar, en la planificación de las nuevas propuestas de enseñanza en el campo de las prácticas de producción visual, el peso de las nuevas tecnologías de la imagen. De hecho, las nuevas propuestas curriculares de enseñanza de las artes visuales plantean como premisa inicial la aceptación de que el práctica artística es el mejor medio para la integración de la tecnología en la práctica social, evitando su restricción exclusiva al utilitarismo o al consumo, permitiendo, en definitiva, comprobar la verdadera dimensión social de una tecnología o medio, al promocionar formas específicas de interacción técnica y social en él.

En todo caso, no debemos olvidar que todo este conjunto de propuestas debe partir de la exigencia de un esfuerzo cada vez mayor de integración de diferentes titulaciones y programas curriculares universitarios (aquellos que estén vinculados de una forma u otra a las prácticas de producción visual), acorde con un nuevo contexto social en el que ya no se dan distinciones disciplinares estancas. Indudablemente, el proceso de convergencia europea en materia universitaria, con el proyecto de creación del Espacio Europeo de Educación Superior iniciado con la Declaración de La Sorbona de 1998 constituye un momento idóneo, quizá irrepetible, para la puesta en práctica de algunas de estas reformas.



< Todas las áreas
< Todos los informes

< (atrás)